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Según
el manual de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV)
el fetichismo se encuentra dentro de la categoría de parafílias,
ubicada a su vez dentro de la categorización mayor de “Trastornos
sexuales y de la identidad sexual”.
El
Fetichismo se define como fantasías sexuales recurrentes y
altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos
ligados al uso de objetos no animados (por ejemplo ropa
interior femenina) durante un período no inferior a los seis
meses. El manual indica que estas fantasías e impulsos sexuales
provocan un malestar clínicamente significativo o un deterioro
social, laboral o de otras áreas de la actividad del individuo.
Diferencia también al fetichismo del fetichismo travestista
(cuando se trata de que el individuo masculino se viste con
ropas femeninas). También menciona como fetiches a los aparatos
diseñados con el propósito de estimular los genitales como
un vibrador).
La
definición del DSM-IV lleva implícita la concepción clásica,
pero otras lecturas permiten pensar que esa definición resulta
bastante acotada. Es posible ver conductas fetichistas menos
marcadas, o personas autodefinidas como fetichistas que no
sufren de un malestar significativo al respecto. En los hechos
casi todos los varones presentan alguna connotación fetichista,
y desde una lectura un poco más extremada puede llegar a ubicarse
como fetiche cualquier objeto o recorte de un objeto.
Una
lectura psicoanalítica
Es
preciso diferenciar al fetichismo pensado desde las parafilias,
perversiones, etc. de la lectura donde el fetichismo cobra
una significación estructural subjetiva.
Por
un lado si determinados objetos inanimados o recortes corporales
son fetichizados, constituye una conducta generalizada en
casi todas las personas (fundamentalmente en los varones).
Se trata entonces de un rasgo perverso en la neurosis, en
otras palabras un comportamiento cotidiano y "normal".
Por
otro lado un posicionamiento estructural, donde el fetichismo
se constituye como el paradigma de la estructura perversa.
Freud consideró que ante la percepción de la "falta" en el
Otro, el sujeto reniega de ella constituyendo un objeto sustitutivo
(el fetiche). El fetichista aparece en la serie lógica de
la perversión estructural, donde psíquicamente queda constancia
de la percepción, pero se reniega de ella (renegación
mítica y a la vez estructural). En este sentido el
fetichista no es un psicótico porque mantiene una dimensión
simbólica del acontecimiento mítico. De esta manera si algo
puede faltar entonces existe una lógica de presencia-ausencia.
Frente a una carencia, un velo la disimula, y es precisamente
ese velo el objeto que se sobrestima. Tampoco es una neurosis
porque el fetiche no tiene valor de metáfora como lo tendría
un síntoma neurótico sino un valor metonímico. Esta lógica
de relación entre el fetiche y el falo, es independiente de
cualquier analogía en el campo visual. Es obvio que físicamente
a nadie le tiene porque faltar nada, solo se remite a la faltante
estructural simbólica, así el fetiche aparece relacionado
como sustitución en una significación simbólica. Estas consideraciones
resultan difíciles de captar para quién no este familiarizado
con el discurso psicoanalítico. Ocurre que se inscribe en
las consideraciones que realiza el psicoanálisis (fundamentalmente
la escuela francesa) relacionado al posicionamiento subjetivo
frente a la falta estructural, en relación a las posibles
significaciones de una ausencia, o en otras palabras del posicionamiento
fálico de un sujeto.
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